Software by Rudy Rucker

Software by Rudy Rucker

autor:Rudy Rucker [Rucker, Rudy]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Ciencia ficción
editor: ePubLibre
publicado: 1982-01-01T00:00:00+00:00


14

Cuando Sta-Hi se separó de sus compañeros sólo miró atrás una vez. Vio que Ralph y Cobb se habían metido en la ratonera y que la puerta se había cerrado. Los tres grandes robots azules tanteaban la pared. Sta-Hi dobló una esquina a toda prisa, fuera de su vista y a salvo. Intentó recuperar el aliento.

—Habría sido mejor que te marcharas —dijo suavemente una voz.

Buscó con la vista a su alrededor. No había nadie. Se encontraba en mitad del vestíbulo, débilmente iluminado. Antiguas herramientas y componentes de los autónomos colgaban de las paredes, como una exhibición de armas medievales. Sta-Hi leyó el rótulo más cercano sin prestarle demasiada atención: Abrazadera elevadora de muelle. Séptimo Ciclo (circa 2001). TC6399876. Sobre el rótulo, sujeto a la pared, había una especie de brazo artificial con…

—De ese modo, habrías vivido para siempre —añadió la misma voz leve y firme de antes.

Sta-Hi empezó a correr otra vez. Lo hizo durante mucho rato, doblando esquinas al azar. En la siguiente parada que efectuó percibió que el aspecto del museo había cambiado. Ahora se hallaba en algo similar a una galería de arte moderno. O en una tienda de ropa.

Hablaba consigo mismo mientras corría… para ahogar cualquier otra voz que pudiera escuchar, pero en este momento ya sólo podía jadear. Y, sin embargo, aquella voz no le abandonaba.

—Te has perdido —dijo dulcemente—. Éste es el sector del museo dedicado a los autónomos. Haz el favor de volver al sector humano. Todavía estás a tiempo de reunirte con el doctor Anderson.

El museo. Tenía que ser el museo quien le hablaba. Sta-Hi echó un rápido vistazo alrededor, intentando forjar un plan. Estaba en una sala de la exposición bastante amplia, algo así como una caverna subterránea. Una galería situada en el extremo opuesto trepaba hacia la luz, probablemente hacia algún lugar de Disky. Dio unos pasos en dirección a la galería. Quizá hubiera autónomos ahí fuera. Se detuvo y examinó con mayor detenimiento cuanto le rodeaba.

Los objetos que se exhibían en la pared eran muy parecidos. Un gancho que sobresalía del muro y la lánguida lámina de plástico duro que colgaba del gancho como un gigantesco paño de cocina. Su interés provenía de que los plásticos estaban electrificados de alguna manera, y parpadeaban produciendo extrañas y hermosas figuras.

No había nadie en la sala que pudiera detenerle. Se puso de puntillas y sacó del gancho uno de los centelleantes vestidos. Era rojo, azul y dorado. Se lo colocó sobre los hombros como una capa y estiró el extremo superior por encima de su cabeza, a modo de capuchón. Tal vez ahora podría…

—¡Devuelve eso a su sitio! —ordenó perentoriamente el museo—. ¡No sabes lo que estás haciendo!

Sta-Hi se ajustó la capa al cuerpo… parecía hecha a su medida. Subió por la galería y desembocó en las calles de Disky. Al abandonar la galería sintió que algo puntiagudo le apretaba el cuello.

Era como si una garra provista de afiladas uñas le hubiera asido por la nuca. Dio unas cuantas vueltas sobre sí mismo, con la capa ondeando al viento, y oteó la galería del museo por la que había salido.



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