La Hija del curandero by Amy Tan

La Hija del curandero by Amy Tan

autor:Amy Tan [Tan, Amy]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Spanish
publicado: 2009-05-11T03:35:43+00:00


Un día, poco antes del Festival de Primavera, el viejo cocinero volvió del mercado con una gran noticia que circulaba por Corazón Inmortal. Chang, el carpintero, se había hecho famoso y pronto sería aún más rico. Ya tenía los resultados de los huesos de dragón que había entregado a los científicos: eran humanos. Aunque todavía ignoraban cuál era la antigüedad de los huesos, todo el mundo suponía que tenían al menos un millón de años, quizá incluso dos.

Las mujeres, desde la más pequeña a la mayor, estábamos en el taller; todas salvo Tita Querida, que había bajado al sótano a contar las barras de tinta que ya había tallado. Me alegré de que no estuviese presente, porque cada vez que alguien mentaba a Chang, ella escupía. Cuando él traía madera a la casa, enviaban a Tita Querida a su habitación, donde lo maldecía dando golpes tan largos y estruendosos en un cubo que los inquilinos protestaban a gritos.

–Qué curiosa coincidencia —dijo Tía Grande—. El mismo señor Chang que nos vende madera. Habríamos podido tener la misma suerte que él.

–Nuestra relación con Chang se remonta a tiempos más lejanos —presumió Madre—. Él fue el hombre que detuvo su carro para ayudar después de que los bandidos mongoles mataran a Hermano Niño. El señor Chang es una persona de nobles acciones.

Nuestros vínculos con el ahora célebre señor Chang no parecían tener fin. Puesto que el carpintero pronto sería más rico que antes, Madre sugirió que seguramente bajaría el precio de la madera.

—Debería compartir su suerte –dijo, conviniendo consigo misma—. Los dioses no esperarán menos de él.

Tita Querida regresó al taller y de inmediato se dio cuenta de quién era la persona de la que hablábamos. Dio varios golpes en el suelo con los pies y otros tantos puñetazos al aire.

Chang es malo, dijo con las manos. Mató a mi padre. Por su culpa Hu Sen está muerto. Emitió un sonido ronco, como si fuese a escupir la garganta.

Miente, pensé. Su padre se cayó de un carro porque estaba borracho, y a Tío Niño lo mató una coz de su propio caballo. Eso me habían contado Madre y las tías.

Tita Querida me agarró de un brazo. Me miró a los ojos y empezó a hablar rápidamente con las manos: Cuéntales, Cachorrillo, convéncelas de que digo la verdad. Y ahora me doy cuenta de que los huesos de dragón que tiene Chang –en este punto espolvoreó unos huesos imaginarios sobre la palma de su mano– son sin duda los que pertenecían a mi padre, a mi familia. Chang los robó el día de mi boda. Eran mi dote. Salieron de las Fauces del Mono. Debemos recuperarlos y llevarlos a la cueva; de lo contrario, la maldición no acabará nunca. Deprisa; explícaselo a ellas.

Sin darme tiempo a hacerlo, Madre advirtió:

–No quiero oír ni una más de sus absurdas historias. ¿Has oído, hija?

Todos me miraron, incluida Tita Querida. Díselo, indicó con señas. Pero yo me volví hacia Madre, asentí y dije:

–Sí, he oído.

Tita Querida salió corriendo del taller, emitiendo un sonido ahogado que me retorció el corazón e hizo que me sintiese malvada.



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