Tierra vieja by Antonio Pérez Henares

Tierra vieja by Antonio Pérez Henares

autor:Antonio Pérez Henares [Pérez Henares, Antonio]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Histórico
editor: ePubLibre
publicado: 2022-05-05T00:00:00+00:00


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Por aquellos días, más que nunca, en las villas y en los pueblos los juglares no dejaban de entonar, y las gentes de pedírselo una y otra vez, el Cantar de Mio Cid. Eran muy celebrados los pasajes cuando Rodrigo se las tenía tiesas con el rey Alfonso VI, que antes de Castilla lo era de León, y con los cobardes infantes de Carrión, nobles de retaguardia, acomodados y traidores mientras que los castellanos penaban y sufrían los ataques moros. El abatimiento castellano, el primero el del propio rey Alfonso, había quedado atrás, y algunas cosas jugaban a su favor. La primera, la muerte del anciano rey aragonés y la subida al trono del joven Pedro, que desde el inicio estableció la mejor y más leal amistad con el castellano, propiciada por la buena influencia de su madre la reina Sancha, tía carnal de Alfonso. Castilla ya no estaba sola contra todos sino que ahora contaba con la ayuda de Aragón y el leonés y el navarro empezaron a saber que provocarles tenía consecuencias y que estas eran dolorosas e inmediatas.

Las fortalezas, las murallas, los castillos roqueros en los pasos y todo lugar estratégico se fueron guareciendo y fortificándose con frenesí. Se resubieron almenas, se reforzaron muros, se ensancharon fosos y los castellanos se dispusieron a aguantar al año próximo la segunda embestida del Miramamolín.

Esta vino en el verano de 1197 arrasando los campos por Talavera y Maqueda, como la vez anterior, y se aposentó frente a Toledo pretendiéndola asaltar con verdadera furia esta vez. Pero no hizo excesiva mella el embate. El foso natural del Tajo y la muy poblada defensa hicieron ver al califa que sus posibilidades eran muy escasas. Le llegó además la nueva de que los reyes Alfonso y Pedro estaban cerca, en Madrid, y entendió que era una gran oportunidad de ir contra ellos y cercó aquella villa, sin saber que los dos monarcas la habían abandonado y se habían retranqueado con sus tropas a la sierra. Quedó para defenderla Diego López de Haro con un buen número de caballeros y milicias, entre ellas la de Atienza con Pedro al mando y Juanillo al lado.

Tuvo la ciudad cercada largos días pero no la pudo tomar. Un destacamento sí logró asaltar, ascendiendo Jarama arriba, Talamanca, degollando a todos sus defensores y llevándose a mujeres y niños como esclavos.

Por los pueblos ribereños del alto Henares, como Bujalaro e incluso por los de su parte baja, muchos habían pensado que las cabalgadas moras no llegarían hasta allí. Sin embargo aquel año el ejército almohade, tras el infructuoso cerco de Madrid, siguió los cursos de los ríos y lo que le sucedió a Talamanca estuvo a punto de sucederle también a Guadalajara.

La capital alcarreña, por fortuna, estaba preparada para la defensa y aguantó el embate, pero su vega fue asolada, talada, quemada, desarraigada y maltratada de una manera feroz. Al-Mansur decidió quedarse acampado frente a ella y descansar del viaje y del calor en los sotos del río.



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