Tao Te King by Lao Tsé

Tao Te King by Lao Tsé

autor:Lao Tsé [Tsé, Lao]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Referencia, Filosofía
editor: ePubLibre
publicado: 1977-12-31T23:00:00+00:00


IV. LA FILOSOFÍA PRÁCTICA

Aquí habría que hablar sobre la ética de Lao-Tsé. Pero resulta que en su obra no encontramos ningún concepto de ética, en el sentido de una ley racional que determine la manera correcta de actuar. Todo lo contrario: Lao-Tsé, al igual que lucha contra la cultura y contra los patrimonios a que da lugar, es adversario de la moral y de las virtudes de que esta se adorna. Para él, moral y cultura son dos fenómenos emparentados. Cada cultura tiene una moral subyacente. Como la cultura, la moral se aparta de la base Materna natural, razón por la cual Lao-Tsé la desaprueba. Expresa su desaprobación en unos aforismos parecidos a los ataques de Nietzsche, y como emplea a menudo la paradoja, a veces resulta algo difícil seguir su hilo argumentativo y descubrir sus convicciones; es un Proteo que se sustrae a ser cogido toscamente gracias a una transformación continua. Pocas de las palabras que dice pueden interpretarse al pie de la letra o considerarse rotundamente como una convicción clara y definida. Lao-Tsé no escribió para los filisteos, y hasta parece que le divertía en secreto que los filisteos se rieran de él a carcajadas.

Buscando las razones que le llevaron a condenar la moral de su tiempo, se nos aparecen los caminos que indica para que los hombres actúen rectamente. Desvincula la ética del deber, resituándola en el contexto de la naturaleza, la reconduce desde el hombre hacia el TAO, de lo artificial a lo sencillo y natural.

Lo que Lao-Tsé desaprueba primeramente de la moral es su principio formal: las órdenes que da. El hecho de que establezca deberes. Que requiera de leyes y medidas. Por medio de las leyes y las medidas conseguimos justo lo contrario de lo que pretendemos lograr. Cuantas más leyes haya, cuanto más se expandan los deberes molestos, tantos más ladrones y malhechores habrá, ya que la ley de la naturaleza humana nos pide resistir frente a cualquier clase de obligación. Y la obligación moral es peor que ninguna. Por ello, la moral es el más pobre y superficial de los motivos que se les ofrecen a los seres humanos. La moral lucha con la espada gastada, surtiendo un efecto contrario al deseado. Y no le sirve de nada agitar los brazos en ademán amenazador para arrastrar a los hombres hacia ella, le falta la naturalidad de lo obvio.

Así no es de extrañar que la moral conozca un especial auge en los tiempos de declive. Cuando los seres humanos dejan de comportarse natural y bondadosamente, entonces florece la moral. Cuando hay desacuerdo entre los parientes, surgen el deber filial y el amor; cuando se expanden el des-orden y la confusión por los estados, aparecen los fieles servidores. De ahí se deduce que la moral siempre necesita de su contrario para lucirse. Solo como excepción resplandece. Precisamente por eso se condena a sí misma.

No es únicamente el principio formal de la moral, el deber, la ley, lo que Lao-Tsé rechaza. Combate igualmente el principio que determina su contenido, el ideal del bien y de las virtudes.



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