Poesía y prosa literaria by Gérard de Nerval

Poesía y prosa literaria by Gérard de Nerval

autor:Gérard de Nerval [Nerval, Gérard de]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Poesía, Relato, Otros
editor: ePubLibre
publicado: 2004-11-30T16:00:00+00:00


II

Lo que era Nicolas

Treinta años más tarde, el mismo personaje, conocido entonces bajo su nombre patronímico de Restif, al que había añadido el de Labretone, propiedad de su padre, tuvo la oportunidad de regresar al Palacio de Holanda, situado en la vieja calle del Temple, y que pertenecía entonces a Beaumarchais. Los personajes de la escena precedente habían tenido diversas fortunas. El embajador de Venecia, poco estimado en el gran mundo, tratado a veces de espía y de estafador, había perecido, condenado por orden del consejo de los diez; la bella Guéant había muerto del pecho, y Nicolas la había llorado mucho tiempo, aunque no había podido anudar con ella más que una relación pasajera. En cuanto a él mismo, no era ya el pobre obrero tipógrafo de antaño; había llegado a ser maestro de esa profesión, que aliaba singularmente con la de literato y filósofo. Si se dignaba todavía trabajar manualmente, era después de haber colgado en la pared cerca de sí su traje de terciopelo y su espada. Además, no componía más que sus propias obras, y era tal su fecundidad, que ya no se tomaba el trabajo de escribirlas: de pie delante de su chibalete, con el fuego del entusiasmo en los ojos, ensamblaba letra por letra en su cajetín esas páginas inspiradas y atiborradas de faltas, en las que todo el mundo ha observado la extraña ortografía y las excentricidades calculadas. Tenía como sistema emplear en el mismo volumen caracteres de diverso cuerpo, que variaba según la importancia presunta de tal o cual periodo. El cicero era para la pasión, para los lugares de gran efecto, la gallarda para el simple relato o las observaciones morales, la pequeña redonda concentraba en poco espacio mil detalles fastidiosos, pero necesarios. A veces gustaba de probar un nuevo sistema de ortografía; advertía de repente al lector por medio de un paréntesis, luego proseguía su capítulo, ya sea suprimiendo una parte de las vocales, a la manera árabe, ya sea lanzando el desorden en las consonantes, sustituyendo la c por la s, la s por la t, esta última por la ç, etc[382]., siempre según las reglas que desarrollaba largamente en sus notas. A menudo, queriendo marcar las largas y las breves a la manera latina, utilizaba, en la mitad de las palabras, ya sea mayúsculas, ya sea letras de un cuerpo inferior; la mayoría de las veces acentuaba singularmente las vocales, y abusaba sobre todo del acento agudo. Sin embargo, ninguna de esas excentricidades repugnaba a los innumerables lectores del Campesino pervertido, de Las contemporáneas o de Las noches de París[383]; era ahora el cuentista de moda y nada puede dar una idea de la boga que acompañaba a la entrega de sus obras, publicadas por medios volúmenes, salvo el éxito que han logrado últimamente entre nosotros ciertas novelas-folletín. Era ese mismo procedimiento de relato jadeante, cortado por diálogos de pretensiones dramáticas, ese enredo de episodios, esa multitud de tipos dibujados a grandes rasgos, de situaciones forzadas, pero enérgicas,



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