Parzival by Wolfram von Eschenbach

Parzival by Wolfram von Eschenbach

autor:Wolfram von Eschenbach [Eschenbach, Wolfram von]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Aventuras
editor: ePubLibre
publicado: 1219-12-31T16:00:00+00:00


—Orgeluse—

Siguen ahora historias maravillosas, que pueden quitar la alegría, pero también levantar el entusiasmo. Ambas cosas pretenden. El plazo de un año había transcurrido, pero se arregló el duelo que el landgrave había exigido junto al Plimizöl y que después se había trasladado de Schanpfanzun a Barbigöl. El rey Kingrisin quedó sin vengar. Su hijo Vergulacht apareció para luchar con Gawan, pero los caballeros se dieron cuenta de que eran parientes y los lazos de sangre impidieron el combate. Además el conde Echkunacht llevaba sobre sus espaldas la culpa por aquel crimen, que se había reprochado a Gawan, por lo que Kingrimursel se reconcilió con el valiente héroe. Vergulacht y Gawan partieron de allí cada uno por su lado, pero a la vez, en busca del Grial. En el camino tuvieron que vencer con sus propias manos muchos combates, pues quien quería alcanzar el Grial tenía que acercarse a esa gloriosa meta con la espada. Éste es el camino más rápido para conquistar la gloría.

¿Qué le ocurrió a Gawan, quien nunca había cometido una mala acción, cuando partió de Schanpfanzun? ¿Luchó en el camino? ¡Que lo cuenten quienes lo vieron! Pero ahora se acerca a un combate. Una mañana llegó don Gawan cabalgando a una pradera y vio brillar un escudo, que una lanza había perforado, y un caballo, que llevaba arreos de mujer y cuya brida y silla eran muy preciadas. Estaba firmemente atado a una rama, junto al escudo. Entonces pensó: «¿Quién será esta mujer tan guerrera, que lleva escudo? Si quiere luchar conmigo, ¿cómo me defenderé de ella? A pie acabaré con ella. Si quiere prolongar la pelea, puede derribarme. Reciba odio o amor, el combate debe ser a pie. Aunque fuera doña Camila, quien con sus hazañas conquistó la gloria ante Laurentum, si estuviera sana y salva como cuando cabalgaba allí, intentaría vencerla, si deseara luchar conmigo»[170].

El escudo estaba hecho añicos. Gawan cabalgó hacia él y lo miró atentamente. Una lanza había abierto en él una amplia ventana. Con este estilo pinta la lucha. ¿Quién se gastaría su dinero en pintores de escudos si sus colores fueran también así? Detrás del grueso tronco de un tilo estaba sentada sobre el verde trébol una dama, completamente atribulada. Sufría tanto dolor que había olvidado por completo su alegría. Gawan cabalgó hacia ella, que tenía a un caballero en su regazo, por lo que estaba tan triste. Gawan la saludó y la dama le dio las gracias y se inclinó. Él vio que ella estaba ronca de tanto gritar lamentándose. Gawan desmontó. Allí yacía atravesado el hombre y la sangre le penetraba en su interior. Entonces preguntó a la mujer del héroe si el caballero vivía o si luchaba contra la muerte. Ella contestó: «Señor, aún vive, pero creo que no vivirá mucho. Dios os ha enviado aquí para ayudarme. ¡Sed amable conmigo y ayudadme! Habéis vivido más penalidades que yo. ¡Concededme vuestro auxilio! ¡Que vea vuestra ayuda!».

«Lo haré, señora», dijo él. «Podría librar a este caballero de la muerte, y aun curarlo completamente, si tuviera una cánula.



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