Lenin: El inventor del totalitarismo by Stéphane Courtois

Lenin: El inventor del totalitarismo by Stéphane Courtois

autor:Stéphane Courtois [Courtois, Stéphane]
La lengua: spa
Format: epub
editor: La Esfera de los Libros
publicado: 2021-02-09T23:00:00+00:00


12.

LA REVOLUCIÓN INACABADA

E n este agitado clima llegó de Extremo Oriente una noticia que volvió a caer sobre Rusia como un rayo. Ya en febrero, el ejército había conocido una derrota ante Mukden, en Manchuria, perdiendo cerca de 100.000 hombres. Pero el 27 de mayo, la flota rusa enviada en octubre de 1904 para socorrer Port-Arthur y que debía seguir hasta Vladivostok fue sorprendida por la flota japonesa en el estrecho de Tsushima situado entre Corea y Japón: fueron hundidos 21 barcos de 28, entre ellos 11 acorazados, frente a 3 japoneses; la batalla causó 4.380 muertes rusas —frente a 117 muertes japonesas— y 5.917 heridos. Este gigantesco desastre era previsible porque la decisión de Nicolás II y del almirantazgo de enviar esa armada —obligada a rodear África, atravesar el océano Índico y navegar durante meses— fue de una rara incompetencia que rozaba la extravagancia. Por primera vez, una potencia europea era aplastada por mar y tierra por un país asiático cuyo ejército, unas décadas antes, estaba formado por samuráis que luchaban con sables y arcabuces. Fue un bombazo en el mundo entero. Para el zar la catástrofe fue total. No solo se vio obligado a mendigar la paz en condiciones humillantes, sino que la derrota demostraba la incompetencia de su estado mayor y acentuaba el retraso tecnológico del país. Además, agravó las tensiones políticas y transfirió la dinámica de protesta de los liberales a los radicales. Cada vez se reclamaba menos una reforma constitucional y más una revolución.

Cuando «a principios del verano se hizo evidente que la cosecha era nuevamente un fracaso, los campesinos empezaron a atacar en gran escala a las fincas, apoderándose de los bienes e incendiando las mansiones al tiempo que obligaban a fugarse a los propietarios». Los campesinos no iban tanto contra las personas como a por las tierras que codiciaban poseer, el famoso «reparto negro», mientras creaban muchas uniones campesinas, sociedades agrarias y cooperativas, en general moderadas, que indicaban que el campo empezaba a organizarse de manera autónoma. Como es natural, llamaron al ejército para que reprimiera esas sublevaciones y este intervino, de enero a octubre, en más de 2.500 ocasiones, lo que acabó con la disciplina militar, sobre todo porque la inmensa mayoría de los soldados eran mujiks.

El clima de anarquía y violencia se extendió, en particular en el Cáucaso, como lo refiere el cónsul americano en Batumi:

Rusia está saturada de sedición y huele a revolución, odio racial y guerra, asesinato, bombas incendiarias, bandolerismo, robo y crímenes de todo tipo. […] Por lo que podemos ver, vamos por el camino de la más completa anarquía y del caos social. […] Una de las peores señales es que el público, sometido a un largo reinado de anarquía y crimen, se ha insensibilizado y la mayor parte de la población recibe con indiferencia la noticia del asesinato de un conocido o de un amigo mientras el bandolerismo parece una cosa de lo más corriente.

Gorki, que estaba sin embargo muy cercano a los bolcheviques, escribe en



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