La venganza de Aurek by Tanya Huff

La venganza de Aurek by Tanya Huff

autor:Tanya Huff [Huff, Tanya]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Fantástico, Terror
editor: ePubLibre
publicado: 1995-12-24T16:00:00+00:00


* * *

Abotonándose el chaleco hecho jirones, Dmitri salió al rellano del primer piso y posó una mirada ceñuda en la entrada.

—¿Quién aporrea la puerta a esta hora, Edi…? Zima veter!

El profundo asombro le había arrancado la exclamación en borcano, aunque al cruzar la frontera Aurek había insistido santurronamente en que, en bien de la fluidez de comunicaciones, no hablaran su idioma nativo. Dmitri bajó corriendo la escalera, pisando tal vez uno de cada tres escalones.

—¿Qué le ha pasado a mi hermano?

—El barquero ha dicho que salió de los Estrechos en estas condiciones.

—¿El barquero? —Dmitri frunció el ceño al intentar identificar al hombre, y finalmente evocó un vago recuerdo de alguien oscuro y sin rostro que estaba de pie en la popa del bote—. ¿Y tú le has creído? —Intentó pasar por su lado, pero Edik no le dejó espacio—. Quítate de mi camino y yo me encargaré de ese barquero. Veremos qué sabe.

—Si él hubiera herido al señor, no habría sido tan estúpido como para traerlo a casa.

Edik acomodó el laxo peso de Aurek sobre los hombros. Su rostro no se mostraba más expresivo de lo normal, pero su voz delataba cierta agitación interior.

—Continuaré directamente hasta su dormitorio.

—No puedes llevarlo arriba de esa manera.

Edik puso cuidadosamente un pie en el primer escalón.

—Creo que hay el espacio necesario, señor.

—¡No! —Dmitri lo cogió por una manga—. ¡Quiero decir que no puedes transportarlo de ese modo!

El tono sumaba la indignación al horror ante el hecho de que su hermano llegara a casa en semejantes condiciones y acabara echado sobre los anchos hombros de Edik como un venado muerto.

—Si no lo transporto de este modo —replicó Edik, que continuó subiendo mientras la manga de algodón rústico se zafaba de la mano de Dmitri—, no podré transportarlo. Si queréis reparar en ello, señor, veréis que le han abierto tajos en la espalda y no se le puede tocar.

Dmitri desplegó las manos ante sí, incapaz de discutir eso, pero con la necesidad de protestar contra algo.

—Bueno, sí, pero…

—Si pudierais evitar que la cabeza del señor impactara contra la pared, señor…

—¡Sí que puedo!

Avanzó de un salto y puso suavemente una mano sobre la cabeza de Aurek; los nudillos rozaban las aterciopeladas rosas negras del papel de pared. Por desgracia, esto lo acercó de forma angustiosa a los tres tajos de la espalda de su hermano, cuyos bordes se habían secado aunque aún sangraban por el centro. Cada movimiento agrietaba las pocas costras que se habían formado.

—Parece… —Dmitri tragó y volvió a intentarlo—, parece que ha sido atacado por alguna clase de animal grande.

—Sí, señor.

—Pero ¿de qué clase? Ésa es la pregunta.

Edik maniobró con cuidado para avanzar por el corredor del primer piso, donde sus pasos se hicieron cada vez más medidos al estrecharse el espacio.

—Os sugiero que se lo preguntéis a esa dama amiga vuestra, señor.

—¿La dama amiga mía? —Dmitri se agachó para pasar por debajo de la cabeza de Aurek y abrir la puerta del dormitorio—. ¿Qué insinúas, Edik? ¿Por qué Louise iba a saber algo al respecto?

—Los sirvientes oímos cosas, señor.



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