La modernidad de Manet by Michael Fried

La modernidad de Manet by Michael Fried

autor:Michael Fried
La lengua: spa
Format: epub
ISBN: 9788491141426
editor: La balsa de la Medusa / A. Machado Libros
publicado: 2015-09-13T00:00:00+00:00


171. Gustave Courbet, Le Violoncelliste, 1847, Estocolmo, National Museum.

172. Henri Fantin-Latour, dibujo, ca. 1860, París, Louvre.

Hay otro dibujo a tinta y lápiz, más o menos de la misma fecha, que puede unirse a los tres que hemos mencionado, aunque no sea estrictamente un autorretrato. Fantin ha representado lo que parece una habitación diminuta en la parte alta de una casa (fig. 172). La escena tiene lugar por la noche; la habitación está oscura excepto por una sola fuente de luz, una vela en un candelabro que está cerca del borde, a mano derecha de la mesa o escritorio; el techo se abuhardilla hacia la izquierda, y en el muro más alejado se yuxtaponen dos rectángulos oscuros junto a otro más claro que parece curvarse contra el muro, en vez de pender de él. No podemos decir con certeza qué representa cualquiera de estos rectángulos (el rectángulo mayor hacia la derecha presenta una relación especialmente confusa con las sombras circundantes), pero parece posible que una de ellas, sobre todo el rectángulo de la izquierda, sea un espejo (si lo miramos de cerca, da la impresión de estar enmarcado, al igual que el rectángulo mayor en el muro). Además, parece que hay algo largo, plano y rectilíneo, quizá un florero o una hoja de papel, que yace sobre la superficie de la mesa. Finalmente, hay un par de sillas, una a la izquierda de la mesa y otra enfrente de esta. Aunque no podamos probar que esta es la habitación en la que Fantin hizo los autorretratos que hemos analizado, parece casi irresistible suponerlo y, en cualquier caso, nos da la sensación de que debió ser una habitación parecida 16. Podíamos pensar en este dibujo como 'suplemento' de los otros, es decir, como una expresión más del sentimiento de corporalidad de Fantin y como reconocimiento de que los autorretratos dibujados, por sí solos, tienen menos poder para indicar las circunstancias corporales plenas en que se hicieron 17. Visto en estos términos, la oscuridad de la habitación –tanto en el dibujo de la habitación como en los autorretratos– pertenece al lugar del cuerpo: como si el deseo hiperbólico de evocar la presencia corporal utilizara la oscuridad como forma de minimizar la visión en favor de enfatizar la experiencia corporal.

Llegados a este punto, deberíamos recordar que la presunta fecha de todos los dibujos, cerca de 1860, los sitúa si no literalmente al borde del Impresionismo al menos unos cuantos años antes del debut público de los pintores que pronto se convertirán en impresionistas –Monet, Pisarro, Sisley y otros–. Desde un primer momento, el Impresionismo como movimiento artístico fue entendido como un arte que valoraba e incluso glorificaba la visión ocular, la percepción visual como tal. En mi introducción cité a Montifaud, que en 1874 denominó al nuevo movimiento 'la escuela de los ojos', y no era una excepción en absoluto, pues tanto los defensores como los detractores mantuvieron que el impresionismo supuso un nuevo punto de partida en un orden de experiencia absolutamente visual,



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