Karol Scandiu by Karol Scandiu

Karol Scandiu by Karol Scandiu

autor:Karol Scandiu [Scandiu, Karol]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 0101-01-01T00:00:00+00:00


Karol Scandiu

a los ojos—: si has estado a punto de besarla, si la has tocado y ella no

llamó a la policía, eso, es más de lo que cualquier persona ha tenido de

Korin en más de un año.

— ¡¿Me va a decir alguien de una maldita vez qué es lo que

pasa?!

— ¿Sabes leer? —preguntó Ellen ya en la puerta.

— ¿Qué clase de pregunta es ésa?

—No vivimos en Dénver, sino en Parker. Búscalo...

Tras hablar por décima vez con Ellen por teléfono y asegurarle que

estaba bien, Korin llegó a su casa. Pagó los casi ochenta dólares que le

había costado el taxi desde Dénver, pero no le importó, sólo quería lle-

gar cuanto antes y esconderse.

Cerró cada uno de los cerrojos, y mientras se desnudaba con el

espejo del baño cubierto, no podía dejar de pensar en Mike.

La cercanía de él, el olor que tenía, lo fuerte que era... Pero no,

no podía permitirse el lujo de sentirse así. Los hombres eran todos

iguales, todos y cada uno de ellos; sólo esperando el momento para ha-

certe daño y destrozarte la vida. Y él no era una excepción, lo que le

había dicho... la había llamado loca, la había tratado...

—Él no sabe nada de mí —se dijo en un susurro mientras se me-

tía de cabeza bajo el agua caliente. Desde hacía un año siempre se du-

chaba con el agua a punto de ebullición. Era la única manera de sentir-

se limpia, lavarse y notar su dermis quemando bajo el agua. Sólo en-

tonces estaba segura de quitárselo todo de encima.

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ErótiKa Vol.1

Mientras se deslizaba el jabón por el cuerpo, una vez más le

vino a la mente el cuerpo de Mike contra el suyo. Notó como su

cuerpo reaccionaba al recordar el timbre de su voz, haciendo temblar

cada parte de ella.

Salió de la ducha ignorando todo aquello, y una vez estuvo

seca, abrió la puerta del baño y caminó directamente al vestidor de su

habitación.

En el armario cogió el pijama y una bata, y a punto de vestirse,

miró el espejo que había vuelto a tapar nada más regresar a casa. Korin

cerró los ojos con fuerza mientras sus dedos temerosos tiraban lenta-

mente de la tela. Escuchó el tejido caer al suelo como si se tratasen de

piedras, y entonces se miró por primera vez en mucho, mucho tiempo.

Recorrió con las yemas su cuello, luego el centro de su pecho,

y se detuvo conteniendo el aliento sobre su estómago. Allí estaba la

maldita marca que le recordaba todo aquello día tras día; él la había

marcado, había cortado su piel escribiendo con letras mayúsculas aque-

lla palabra... «PUTA». Pero no se había quedado satisfecho, así que

partiendo un par de bolígrafos, había cubierto con tinta azul la herida

abierta, dejándola marcada para siempre con un deforme tatuaje en su

cuerpo.

Los médicos habían estudiado las opciones para borrar todo

aquello, pero lo único que habían conseguido tras un par de injertos

de piel, había sido borrar algo de la tinta. La cicatriz jamás se iría, ja-

más... y Korin no estaba dispuesta a mostrarse a nadie más. No iría

tras médico alguno. Estaba cansada de que los ojos se llenasen de pena

al verla desnuda.



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