Instrumental by James Rhodes

Instrumental by James Rhodes

autor:James Rhodes [Rhodes, James]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Memorias
editor: ePubLibre
publicado: 2014-01-01T05:00:00+00:00


Tema 12

Mozart, Sinfonía n.° 41 «Júpiter», cuarto movimiento

SIR CHARLES MACKERRAS, DIRECTOR

El compositor más famoso del mundo, lo cual es toda una hazaña. Sin embargo, da cierta sensación de que a Mozart esto se la habría traído bastante floja. Fue un hombre que añadió una nueva dimensión a la palabra «genio» (empezó a componer a los cinco años, a hacer giras a los seis, sabía hablar quince idiomas, compuso cuarenta y una sinfonías, veintisiete conciertos para piano, numerosas óperas, música de cámara, sonatas, etcétera, etcétera); la profundidad del talento monumental de Mozart solo podía equipararse a la longitud de su nombre: Johannes Theophilus Amadeus Gottlieb Chrysostomus Wolfgangus Sigismundus Mozart.

Tres años antes de morir a los treinta y cinco, compuso su última y mejor sinfonía, la cuadragésima primera (a la que bautizaron «Júpiter» veintiséis años después de su muerte en una operación de mercadotecnia que no tuvo nada que ver con el propio Mozart). La creó en dieciséis días y representa la suma total de su maestría compositiva. Al mismo tiempo compuso sus sinfonías número treinta y nueve y cuarenta. Son tres obras maestras imperecederas creadas con pocos días de diferencia, en un período tan corto que nos permite hacernos una idea de lo bestial de sus capacidades.

En la coda final del último movimiento de la número cuarenta y uno, Mozart abre con una fuga a cinco partes: un asombroso y milagroso ejemplo de composición orquestal que jamás se ha superado. Imaginad que el mismo tema se repite cinco veces, pero que cada uno entra con retraso respecto al anterior; y que todos ellos tienen que combinarse para adquirir pleno sentido armónico mientras cien músicos tocan a toda castaña. Mozart espera a que lleguen los últimos cuarenta y cinco segundos de toda la sinfonía para ejecutar esa combinación (porque eso es el equivalente musical de hacer malabarismos con quince motosierras, y demorar más dicha combinación habría sido imposible), y este es el motivo por el que yo jamás podría tocar un instrumento orquestal: me mearía de júbilo, de verdad, y me daría un telele si interpretara esta pieza sobre un escenario.

Hay dos frases que aquí resultan pertinentes, la primera de Schumann, que dijo a propósito de la «Júpiter»:

«Hay cosas en el mundo de las que no se puede decir nada, como la sinfonía “Júpiter” con su fuga, gran parte de Shakespeare y algunas páginas de Beethoven».

Y respecto a esa maldita fuga, que sigue siendo lo más emocionante que le he oído tocar a una orquesta, sir Donald Francis Tovey dejó escrito:

«Cada movimiento de la sinfonía “Júpiter” es una creación poderosa y excelsa. El punto culminante de esta colosal sinfonía es, cómo no, la fuga final, en la que la técnica polifónica de la vieja fuga se utiliza, junto a otros materiales, para lograr la consumación perfecta del pensamiento del compositor y de la eterna gloria artística. De hecho, en la literatura sinfónica no se puede encontrar nada equiparable a este movimiento. Hay otras composiciones (algunas de un interés semejante), pero no las hay iguales a ella, ni siquiera en el propio Mozart.



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