El poder del discurso materno by Laura Gutman

El poder del discurso materno by Laura Gutman

autor:Laura Gutman [Gutman, Laura]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 2015-11-01T23:00:00+00:00


Daniela: moral, mentiras y sexo

Daniela tiene 40 años, es profesora de Catequesis y tiene un hijo, Fabio, de cinco años. Consulta porque quiere ser mejor mamá, y a veces no le tiene paciencia al niño. Además, le preocupa que Fabio diga que se quiere ir de este planeta y que las personas grandes son malas. A ella le parecía que eran cosas de niños, pero ahora lo dice muy seguido. Le explicamos de qué se trata el trabajo de construcción de la biografía humana y empezamos.

Nació en un pueblo pequeño del interior del país. Daniela cuenta que su padre era “brillante” intelectualmente. Preguntamos a qué se dedicaba el padre, y Daniela no logra explicarlo. Por lo tanto, la apreciación de la supuesta brillantez la dejaremos para más adelante, es decir, necesitaremos averiguar “quién lo dijo” para saber quién era el dueño del discurso en esa familia. De cualquier manera, sabemos que durante la infancia, era importante cumplir con las expectativas paternas, con relación a lo académico. Intentamos abordar recuerdos de la primera infancia. No hay recuerdos de cuidado, de juegos, ni de situaciones “calentitas”. Mamá organizaba todo. Le respondemos que una cosa es organizar y otra es maternar. Asiente. Buscamos... pero mamá no aparece amorosamente.

Los padres peleaban bastante, pero Daniela no recuerda qué más sucedía en esas circunstancias. Seguimos preguntando, tratando de obtener mayores precisiones, hasta que Daniela comienza a relatar “sesiones de golpizas”. Dice que papá era terrible. Le preguntamos dónde estaba mamá mientras tanto. Al parecer estaba en algún lugar de la casa gritando a su marido. Le explicamos qué significa “la entrega” para que un niño sea golpeado. Asiente. Entonces comienza a relatar también los “golpes” de mamá. A esta altura queda claro que ambos padres pegaban. Termina describiendo historias brutales con llamativa naturalidad. Quiero recalcar que –aunque un individuo recuerde cada día las golpizas sufridas durante su infancia– es común que le restemos importancia, al punto de no hacer contacto con esos acontecimientos, incluso cuando un terapeuta –como en este caso– interroga insistentemente. A la terapeuta empieza a dolerle el pecho y se lo dice, nombrando la angustia al pensar en esos niños pequeños tan golpeados y solos. Estas palabras le sirven a Daniela para “conectar” emocionalmente. Finalmente llora. Entonces, poco a poco, comienza a describir más escenas de violencia explícita, con un poco más de conexión emocional. Investigando un poco más, nos va quedando claro que en esta familia, se obedecía. Caso contrario, se recibía un golpe –o varios–, hasta aprender. Así transcurre la infancia de Daniela junto a su hermana mayor. Ella era aplicada, aunque, solapadamente, también mentía. Ocultaba ciertos acontecimientos, incluso accidentes o enfermedades, para no despertar la ira de mamá. La hermana la llamaba “la santita”, porque no lloraba cuando le pegaban.

Cuando llegan sus primeras reglas, mamá sigue pegando mucho. Formulamos varias preguntas para situarnos en su adolescencia. Resulta que Daniela –durante ese período– tampoco logra describir cuál era el trabajo de papá, el que era brillante intelectualmente. Le decimos a Daniela



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