El mercader de libros by Luis Zueco

El mercader de libros by Luis Zueco

autor:Luis Zueco [Luis Zueco]
La lengua: spa
Format: epub
publicado: 2020-03-11T16:00:00+00:00


PARTE VI

LA BÚSQUEDA

37

Doña Manuela

Cuando tengo un poco de dinero, me compro libros.

Si sobra algo, me compro ropa y comida.

ERASMO

Septiembre del año 1523

Doña Manuela no era una mujer fácil de engañar. Había nacido en Sevilla, en el barrio de Santa Cruz, en sus laberínticas calles llenas de patios donde antaño estuvo una de las juderías más pobladas de España. Y más concretamente, en la calle de la Pimienta. Quizá esa calle la predestinó a ser cocinera. Pero ella no lo creía; no la convencían esas paparruchas del destino.

Muchos decían que Santa Cruz era un barrio maldito, pues allí tuvo lugar una cruel matanza de judíos. Sevilla sufrió una terrible plaga, y al ver los cristianos que los judíos morían en menor cantidad, algunos los acusaron de ser los causantes de la propagación, o incluso de envenenar a sus hijos. El padre de doña Manuela, que era un hombre honesto, le dijo desde niña que eso no había sido así, que lo que ocurrió en realidad fue que los judíos, al igual que los musulmanes, se lavaban más a menudo para el rezo y que la judería estaba aislada del resto de la ciudad, por lo que era más difícil que penetrara la enfermedad.

Los cristianos no lo vieron de esa manera; eran otros tiempos, y una noche decidieron acabar con los hebreos. Solo unos pocos lograron escapar. La judería quedó desierta y se convirtió en guarida de criminales. Finalmente se decidieron a incentivar la instalación de nuevos pobladores y así llegó al barrio el abuelo de doña Manuela. La casa que eligió su ancestro no pudo ser más desafortunada; la llamaban la de la Susona, y cuando doña Manuela descubrió la razón se juró escapar de allí lo antes posible.

Lo logró a los quince años, cuando se casó con el hijo de un borceguinero que vivía cerca de un corral de comedias, y se fue a vivir a la calle Borceguinería, donde estaban todas las tiendas que vendían aquel tipo de bota.

Doña Manuela enviudó pronto y se quedó con cuatro hijos, todos varones. Para sacarlos adelante tuvo que vender la casa y el taller y buscar trabajo de lo único que sabía hacer: cocinar. Fueron años duros; sacar una familia así adelante supone muchos sacrificios y eso le amargó el carácter. Ahora todos sus hijos se habían embarcado hacia las Indias y la habían dejado sola. Tanto esfuerzo para quedar así, viuda, sin hijos ni nietos.

En donde había estado su casa edificó un palacio una rica familia de comerciantes que había hecho fortuna precisamente con las Indias. Aunque nadie lo sabía, doña Manuela solía pasear por el barrio de Santa Cruz y se sentaba frente a la casa de la Susona a recordar su niñez. Cómo lamentaba ahora haberse marchado de allí.



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