Breve historia del Homo sapiens by Fernando Diez Martín
autor:Fernando Diez Martín [Diez Martín, Fernando]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Divulgación, Historia
editor: ePubLibre
publicado: 2009-10-01T00:00:00+00:00
La invención del hacha de mano fue una respuesta al nuevo lugar que el H. ergaster habÃa alcanzado en la sabana. Mejor adaptado para sobrevivir en los parajes áridos, para desplazarse con rapidez de un sitio a otro, el ergaster amplió mucho su territorio de explotación (incluyendo en él zonas muy diversas, con recursos bien distintos), tal y como hacen los grandes cazadores. Sabemos que estos humanos aumentaron significativamente el consumo de carne y que mejoraron la calidad de su dieta. La forma de la pelvis del chico de Nariokotome muestra que sus intestinos se habÃan reducido, lo cual solo podrÃa producirse cuando los alimentos que llegan al estómago fueran mejores y más fáciles de digerir. Es posible que esto se consiguiera, en parte, gracias al consumo de alimentos cocinados. Conocemos algunos yacimientos muy antiguos (fechados hace 1,5 m a.) que podrÃan señalar la existencia de una relación «amistosa» entre el H. ergaster y el fuego, el conocimiento de sus propiedades y su aprovechamiento. Sin embargo, la capacidad tecnológica para su conservación y producción vendrÃa más tarde (hace unos 0,8 m a.) de la mano de otras formas humanas posteriores.
Ayudado de su nuevo instrumental de piedra (de grandes dimensiones y con resistentes filos simétricos y rectilÃneos), el H. ergaster hallarÃa mayor facilidad para descuartizar grandes animales, como los hipopótamos o los elefantes y acceder a una abundante cantidad de carne. El secreto del éxito de estos bifaces se basa en que servÃan para múltiples fines y que, por tanto, formarÃan el equipamiento ideal de un humano que, como el ergaster, estaba acostumbrado a moverse mucho por amplios territorios. En una larga batida fuera del campamento y dedicada a la búsqueda de recursos, el bifaz podÃa servir a la vez para actividades de carnicerÃa, como remanente de materia prima (en caso de internarse en zonas donde no hubiera buenas rocas para tallar) o para la recolección de vegetales y el trabajo de la madera. Esta última actividad parece haber sido la tarea que llevaron a cabo los ergaster que habitaron en las inmediaciones del sobrecogedor lago Natrón (Tanzania), uno de los rincones más agrestes y hermosos de todo el Rift, a los pies del misterioso volcán Oldoinyo le Ngai (la montaña sagrada de los maasai, morada del dios del cielo Ngai). Hace 1, 5 m a. los H. ergaster frecuentaron las orillas del lago Natrón y dejaron constancia de ello en algunos de los yacimientos achelenses más antiguos conocidos. Los bifaces de uno de estos sitios (localizado en un árido paraje que los maasai llaman Lepolesi) muestran trazas microscópicas de restos vegetales en sus filos (los llamados fitolitos) y demuestran que los esgaster se aventuraban en las zonas más alejadas del lago provistos de hachas de mano para, entre otras cosas, llevar a cabo trabajos relacionados con la madera (¿quizás para la elaboración de rudimentarias lanzas aptas para sus actividades de caza?). Muchos fascinantes secretos sobre la función de estos objetos y el comportamiento territorial del H. ergaster aguardan ocultos en el impresionante paisaje, a veces onÃricamente lunar, del lago Natrón.
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