Un romance prohibido by Ana Álvarez

Un romance prohibido by Ana Álvarez

autor:Ana Álvarez [Álvarez, Ana]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Romántico, Histórico
editor: ePubLibre
publicado: 2024-05-23T00:00:00+00:00


Capítulo 12

Glasgow, 1732

Ian y yo ya somos marido y mujer en todos los sentidos de la palabra. Mi madre me advirtió que hasta que no consumáramos el matrimonio, este no sería del todo válido. Me alegra descubrir que tenía razón en eso y no en todo lo demás. La experiencia ha sido maravillosa, tal como me comentó Ela.

Yo estaba muy nerviosa cuando nos quedamos solos; mi cuñada se había ofrecido a ayudarme a vestirme para la noche con un bonito camisón, pero Ian rechazó la sugerencia. Dijo que él se ocuparía, que lo mejor era que todos retornaran a sus costumbres habituales cuanto antes, y los demás estuvieron de acuerdo y se marcharon.

Mi marido —por fin puedo llamarlo así— se acercó hasta mí, me tomó las manos y me miró a los ojos, con esa mirada que me cautiva y me hace temblar. Me dijo que no tuviera miedo, que iba a gustarme. Que nunca me haría daño, y yo estaba segura de eso. Me sirvió una copa de vino de los víveres que habían dejado sobre la mesa por si nos entraba hambre de madrugada, pero yo tenía el estómago cerrado. Acepté el vino, que me relajó, y después todo sucedió como en un torbellino de emociones. Me besó, provocando en mí las sensaciones que ya conocía, y además otras nuevas y excitantes cuando sus manos comenzaron a desvestirme, rozando mi piel.

Prenda a prenda fue cayendo a nuestros pies la ropa de ambos, entre besos. Me preguntó si quería ponerme el camisón, pero que él prefería que estuviéramos los dos desnudos. Después de sentir sus manos deslizarse por mi cuerpo, yo también lo quise. Nos acostamos en el gran lecho y nos amamos, por fin, dejándonos llevar por los deseos que siempre habíamos tenido y habíamos debido contener.

Supe lo que eran la excitación, el deseo y las mil sensaciones que pueden provocar un simple roce, una palabra susurrada al oído, una mirada. Supe lo que era el amor llevado mucho más allá de unas cartas o unos besos.

Cuando llegó el momento decisivo Ian fue muy cuidadoso. No obstante, sentí un poco de dolor, que pasó enseguida. Y después… no tengo palabras para describir lo que sentí después: la tensión que se generó en mi vientre, el loco golpear de mi corazón y al fin una explosión de placer desconocida y abrumadora. Gemí, gemimos los dos, y después nos miramos, unidos aún, incapaces de hablar, con la respiración agitada y el cuerpo laxo y tembloroso.

«¿Estás bien?», me preguntó Ian, lleno de preocupación, al ver mis ojos brillantes. Asentí, porque eran lágrimas de felicidad, porque al fin habíamos cumplido nuestro sueño, el que unos meses atrás nos parecía imposible. Porque estábamos juntos y aquella noche era el comienzo de nuestra vida y no importaba lo que esta me deparase, siempre que él estuviera a mi lado.

Nos dormimos abrazados, con mi trasquilada cabeza apoyada en su hombro. No había un lugar mejor en el mundo.



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