Las mejores intenciones by Ingmar Bergman

Las mejores intenciones by Ingmar Bergman

autor:Ingmar Bergman [Bergman, Ingmar]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Crónica, Memorias
editor: ePubLibre
publicado: 1991-01-01T00:00:00+00:00


Y Alma se echa a reír mirando la foto de Öregrund. Como ya he dicho anteriormente, mamá Alma tiene una risa magnífica y sana y notablemente diferente del resto de su personalidad. Una risa amable de dientes sanos, garbosa y atractiva.

Alma: ¡Mi pobre, pequeño Henrik! Mira, Anna, qué lástima. (Señala). Esta soy yo, ya me había convertido en la «mamá gorda», pero llevaba una pluma enorme en el sombrero. Y esta es una de las tías de Elfvik, debe de ser Beda, sí, sí, es Beda, que tenía una cintura de avispa y había que ayudarla siempre a atarse el corsé. Y ese verano tuvimos, por cierto, una doncella, la vieja Riken, hay que ver las cosas que nos permitíamos entonces. Yo nunca he sabido administrar el dinero. Y Henrik tampoco. Ya lo verás Anna, ya. Vendí una joya de familia… bueno, da lo mismo. Y esta es mi mejor amiga, también se quedó viuda joven, ¿te acuerdas, Henrik, de la tía Hedvig, aquella del eccema?, era tan simpática y tan buena, ¿te acuerdas de ella, Henrik? Murió unos años más tarde. (Se ríe). Ella tampoco era una sílfide precisamente. Todas éramos gordas menos el flacucho de Henrik, al que todas echábamos a perder de mimo. ¡Ay, Señor, cuánto te mimábamos! ¿Te acuerdas de que jugábamos a las iglesias y tú hacías de sacerdote y nosotras éramos la feligresía? En aquella casita tan pequeña, ¿cómo pudimos caber tantas mujeres gordas? (Se ríe). Tú eras tan bueno y tan rico, daban ganas de comerte, siempre contento y de buen humor y bien educado y cariñoso. La lástima y la pena es que nunca estabas con otros niños, aunque yo invitaba a casa a tus compañeros de colegio, pero Henrik se iba corriendo a esconderse o se encerraba en el retrete. (Se ríe, se pone seria). Mi querida Anna, ahora serás tú la que se ocupe de él. Me voy a sentir sola y triste (llora), pero así es la vida. Y la vida no ha sido nunca especialmente misericordiosa con Alma Bergman. Pero siempre me he resignado pensando que ya vendrían tiempos mejores. Y ahora Henrik ya es sacerdote como yo soñaba. Es lo principal. No, no es que me lamente. (Llora).

Henrik: No llores, mamá, por favor. Esta noche tenemos que estar de buen humor.

Anna (con prudencia): Tía Alma puede venir a pasar temporadas con nosotros. Vamos a tener mucho sitio en la casa rectoral.

Henrik: Mamá querida. No te abandonaremos nunca. Los malos tiempos ya se terminaron. De ahora en adelante todo irá mejor.

Alma (con súbita burla): … «Los malos tiempos ya se terminaron». Hablas como si no tuvieras cabeza. ¿Qué sabes tú de mi vida? No pienso vivir de gorra aprovechándome de vuestra buena voluntad. Es verdad que no soy demasiado inteligente, pero tampoco soy tonta. Vosotros dos vais a vivir vuestra vida y yo voy a acabar la mía. Así es y así debe ser.



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