La historia de La República de Platón by Simon Blackburn

La historia de La República de Platón by Simon Blackburn

autor:Simon Blackburn
La lengua: spa
Format: epub
editor: Penguin Random House Grupo Editorial España


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Conocimiento y creencia

—A menos que los filósofos reinen en los estados —proseguí—, o que cuantos ahora se llaman reyes y soberanos practiquen seriamente la filosofía, en otras palabras, a menos que la filosofía y el poder político vengan a coincidir ... no puede haber, amigo Glaucón, tregua para los males de los estados, ni tampoco para los del género humano... (V, 473d)

Platón avanza la idea de que en el Estado bien ordenado la élite gobernante debe estar compuesta por filósofos, a sabiendas de que causará cierta sorpresa. Antes de ver por qué, vale la pena señalar algunos significados moderadamente inocuos que puede tener esta idea. Después de todo, no es tan radical sugerir que las personas dotadas de los conocimientos apropiados serán líderes mejores. Un guía que conozca el terreno es mejor que uno que nunca haya puesto un pie en él. Un capitán que sepa navegar es mejor que uno que no sepa. Cualquier analogía que se proponga entre el arte de gobernar y otras artes basta para sugerir que las cosas irán mejor si la élite gobernante sabe cómo hacer su trabajo.

Por supuesto, «saber cómo hacer su trabajo» en el caso del gobierno de un Estado implica tener conocimientos y capacidades muy diversos: ser capaz de comprender las motivaciones de la gente, saber prever el resultado de ciertas decisiones, tener la imaginación suficiente para generar estrategias adecuadas para toda clase de problemas, etc. Nosotros tendemos de manera natural a pensar en términos de un equipo de expertos: economistas, estrategas, planificadores, personas sensibles a las reacciones de otras culturas, etc. No tiene nada de radical sostener que los gobiernos deben estar informados si pretenden hacer mínimamente bien su trabajo. En esta versión moderada, Platón ha seguido ocupando un lugar importante en la ideología del mundo moderno. La educación de los empleados públicos que integran el establishment era una preocupación típicamente victoriana, y al menos en Gran Bretaña era remitida explícitamente al modelo de La república.1

Los expertos, sin embargo, tienen que someter sus evaluaciones a los encargados de tomar la decisión final. A un gobernante se le puede informar de que está en condiciones de ir a la guerra, de que posee los recursos humanos necesarios para ello y de que los problemas técnicos no son insuperables, pero todavía debe juzgar si hay que hacerlo o no. En este punto, como también veía Platón, la analogía entre el gobierno y otras artes comienza a hacer aguas. El guía de montaña o el capitán de barco, igual que el zapatero o cualquier otro productor, trabaja con fines razonablemente fijados: encontrar el camino, completar el viaje de forma rápida y segura, etc. Pero cuando se trata de juzgar si debemos hacer algo o no, los fines no están fijados. Si buscamos un cierto resultado, el modo de lograrlo será uno, pero si buscamos otro habrá que hacer otra cosa, y el problema puede consistir precisamente en saber cuál elegir. Si queremos conquistas, tal vez haya que ir a la guerra. Si valoramos más la seguridad de nuestro pueblo, tal vez no.



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