Jirones de seda by Fabián Plaza Miranda

Jirones de seda by Fabián Plaza Miranda

autor:Fabián Plaza Miranda [Plaza Miranda, Fabián]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Histórico
editor: ePubLibre
publicado: 2024-06-01T00:00:00+00:00


* * *

—¿Qué vas a hacer con él?

—Es tu casa. Haremos lo que tú digas.

Li Ping sintió la mirada de Feng clavada en su cara aunque no podía verla. Imaginó su sonrisa, ese gesto burlón que significaba «como si pudiera oponerme a lo que me pidas, viejo amigo».

Pasaba ya la hora de dormir, pero nadie descansaba en la residencia. Las mujeres se habían encerrado en el telar para recuperar el tiempo perdido y, aunque nadie lo dijo, para dar a los hombres la intimidad que necesitaban para tratar temas importantes. Grano de Mijo montaba guardia junto al inconsciente Zheng Gao, al que habían aposentado de forma definitiva en la consulta de Li Ping: un enfermo moribundo, por tradición, necesitaba su propia habitación. Pero las del piso superior ya estaban ocupadas, y de todos modos no habrían sido capaces de subir al musculoso joven por la estrecha escalerilla, por lo que le habían cedido el cuarto oculto del maestro Li Ping. Tanto si se recuperaba como si fallecía, ocurriría allí.

Los dos jefes de familia, por su parte, se habían retirado al salón principal. Li Ping había devorado sin muchos miramientos una tardía cena que llegaba horas después de lo necesario. Tras reposar un poco el estómago, y aprovechando la ausencia de las mujeres, Feng había sacado el tema del que no habían hablado hasta aquel momento.

—No es cuestión de lo que diga —replicó—. De hecho, ni siquiera sé qué debo decir. No es una situación que esperara encontrarme en casa.

—Lo siento, viejo Feng.

—No era una queja. Solo describía mi sorpresa. En realidad, esperaba que tú tuvieras las ideas más claras sobre lo que debemos hacer.

—¿Yo?

—Sí. Tú has tratado con la nobleza. Sabes cómo piensan y cómo hablarles. Si este chico también tiene contactos en lo alto, tarde o temprano necesitaremos de tu experiencia.

Li Ping suspiró con clara resignación.

—Mi experiencia… Ya sabes de qué me sirvió. Ya ves cómo he acabado. Deberías rezar para que nunca la necesitemos. Si se cruza un noble en nuestro camino, estaremos más indefensos que si se tratara de un demonio. Al menos, con los demonios, uno tiene claro cómo actuarán.

Durante unos instantes, ninguno de los dos añadió nada más. Li Ping podía imaginarse a Hu Feng meditando sobre sus palabras con la mirada perdida, sin ser consciente en realidad de la sala que lo rodeaba. Li Ping nunca había visto la estancia principal de la casa, pero entre las descripciones de Daiyu y su propia exploración táctil tenía una imagen clara —aunque sin colores— de cómo era.

Una amplia y baja mesa rectangular en el centro del suelo cubierto de esterillas, alrededor de la que solían tomar las dos comidas diarias. En la pared de la derecha, un blanco retal de seda de tres palmos de lado, sobre el que algún lejano artista había pintado una —según decía Daiyu— hermosa imagen de las montañas y lagos de Chu bajo el cielo azul. Pocos adornos más, para facilitar los movimientos del ciego maestro, excepto en la pared más alejada.



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