El hijo predilecto by Yuko Tsushima

El hijo predilecto by Yuko Tsushima

autor:Yuko Tsushima [Tsushima, Yuko]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Drama, Realista
editor: ePubLibre
publicado: 1978-01-01T00:00:00+00:00


5

Kōko seguía dormida en su apartamento cuando empezó la ceremonia de comienzo de curso de Kayako. Oyó a lo lejos a alguien sacudiendo el futón, el claxon de los coches que circulaban por la calle, vehículos anunciando algo desde sus altavoces…, y se sintió como si estuviera durmiendo dentro de una caja pequeña en lo alto de una lámpara de mercurio. Una caja de cristal translúcido que refractaba la luz dorada de la mañana de una manera cegadora, por lo que los transeúntes no podían ver a Kōko dormida en su interior.

En un estado de duermevela se imaginó que ya había nacido el bebé y que estaba inmersa en la rutina de la crianza. En un año, por esas fechas, el bebé tendría siete meses y estaría empezando a gatear. Le ha salido ya algún diente que otro y quizá esté en la edad en la que les molesta que les cambien el pañal. Intenta huir gateando y Kōko lo agarra por la pierna y le da un golpecito en el minúsculo culete marcado por una mancha azul, y le regaña.

¡No! No te muevas, tienes que quedarte quieto.

Y llama a Kayako.

Tráeme un pañal nuevo.

Toma. Y tú… cállate un poquito, que no haces más que llorar, ¡llorón! Y no pongas esa cara de pena.

Pero qué dices, si pone las mismas caras que su hermana. Mira, ¿ves? Ya se siente mucho mejor. ¡Mira cómo sonríe!

Venga, llévatelo a la cama, que ahora voy yo con el biberón.

No quieo domí toavía, quieo jugá un datito má.

De eso nada. Si te acuestas tarde ya sabes lo que pasa, vienen los fantasmas.

No, no venen. Cuando me duemo coméis cosas yicas. Os he visto.

¿Ah, sí? ¿Como qué?

El llanto del bebé retumba en toda la casa.

¿Qué pasa?

No pasa nada, será que tiene hambre.

Kōko coge al niño en brazos y de repente se encuentra en un parque de noche. Un Doi extrañamente envejecido se acerca a ella y le habla.

¡Qué grande está! ¡Pero si es igualito a Kayako!

Kayako entona la «Canción de cuna» de Brahms subida en lo alto de una estructura de juego para niños.

Pues claro, porque los dos son hijos míos.

Son medio hermanos. Y he pensado que para ser medio hermanos se parecen mucho, por eso lo digo. No te pongas así.

Los dos son solo míos.

No digas tonterías.

Yo no le pido nada a nadie.

Les pides a los niños que vivan, que ya es bastante.

No es verdad. Cuando uno vive, no piensa que vivir sea una exigencia. Mis hijos me están agradecidos.

Te veo muy segura de ti misma.

No me puedo permitir lo contrario.

¿Disfrutas cogiendo al bebé en brazos y todo eso?

¿Desde cuándo eres tan desagradable?

Qué le vamos a hacer, ya no soy joven. Entonces dime, ¿ha rellenado tus vacíos, como esperabas?

Eso lo sabrás con solo ver al niño.

Estás muy delgada.

Sí, porque no duermo. Siempre tengo los ojos abiertos.

Ya decía yo.

¿Ya decías qué?

También fue así cuando nació mi hijo. Uno piensa en tener hijos con un fin muy concreto, pero para eso es mejor no tenerlos. Yo aprendí la lección.



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