El cuaderno de Nicolaas Kleen by Jaume Benavente

El cuaderno de Nicolaas Kleen by Jaume Benavente

autor:Jaume Benavente [Benavente, Jaume]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Policial
editor: ePubLibre
publicado: 2009-12-31T16:00:00+00:00


6

A la mañana siguiente, Marja se despertó muy pronto. Estaba dentro de la cama y desnuda, y enseguida recordó lo que había pasado la noche anterior con Paul. Después de hacer el amor, se habían ido a la cama y se habían dormido rápidamente. Ahora Paul ya no estaba. Se había ido sin despedirse, como un furtivo. Quizá fuera mejor así. Incapaz de quedarse en casa, con sentimientos contradictorios sobre lo que había pasado con Paul, salió a correr un poco por las calles todavía desiertas del Jordaan, siguiendo las aguas del Lijnbaansgracht hasta donde éste se encontraba con el Brouwersgracht. Por encima de aquel canal estaba el Haarlemmerdijk. Marja pensó en llamar a la casa del tío Pieter para desayunar con él. Hacía semanas que no lo veía, aunque suponía que estaría bien porque habían hablado unos días antes por teléfono y lo había encontrado bastante animado. No obstante, al final, Marja siguió corriendo, ahora a orillas del Brouwersgracht hasta su confluencia con el Prinsengracht, y después, siguió este canal hasta la plaza del Noordermarkt, donde empezaban a montar las paradas. Marja se sentó de espaldas al mercado, mirando las aguas oscuras del Prinsengracht con sus casas flotantes, barcos y barcazas. Pensó que aquélla era verdaderamente una de las arterias de la ciudad mientras recordaba otra vez sus paseos por el canal con su madre o sus hermanos, así como el tiempo que trabajó en la galería de arte. Viviendo en el Jordaan, era casi inevitable que al menos una vez al día se acercara al Prinsengracht, que conformaba el límite entre el barrio y el centro de Ámsterdam. Se dio cuenta de que al otro extremo del canal estaba el domicilio de los Cleve. Pronto tendría que volver a hablar con ellos para averiguar algo más sobre su relación con Cornelis Dortsman.

Cuando la actividad del mercado aumentó, Marja volvió caminando a su casa. En el buzón tenía De Volkskrant. Cuando lo cogió, echó un primer vistazo a las noticias mientras empezaba a llenar la bañera y se preparaba unas tostadas para desayunar. La situación de Oriente Medio era cada vez más complicada y no pudo evitar pensar en su hermano Ariel y en su nueva familia en Haifa. Después de desayunar y de bañarse, llamó a Ariel por teléfono y habló con él durante unos minutos. Gaza quedaba muy lejos y allí, en el norte, desde que acabó la guerra del Líbano, reinaba una calma relativa. Ariel también le explicó que había hablado con su madre hacía poco. Seguía en la isla atlántica de Pico, fotografiando su volcán y la vida de los isleños en medio de aquel paisaje retorcido y salvaje de campos de lava, lluvia y silencio, como ella lo describía. Marja sintió un leve pinchazo. ¿Cuánto hacía que no hablaba con su madre? Tal vez meses. ¿Por qué había llamado a Ariel y a ella no? Marja preguntó a su hermano si tenía alguna noticia de su padre y éste le respondió que no, y que suponía que seguía en la costa noreste del Brasil, restaurando edificios coloniales.



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